Municipios de la demarcación
Baiona
Conoció antes que nadie en Europa el hecho del descubrimiento de América, dado que su puerto fue el elegido por Martín Alonso Pinzón para realizar la primera escala de la carabela "La Pinta" en su regreso de nuevas tierras.
Baiona es el más monumental de los ayuntamientos del Val Miñor. Su zona antigua está considerada Conjunto Histórico de interés cultural. Todo el mundo ha oído hablar del castillo de Monterreal, un recinto amurallado de 3 km. de perímetro, proyectado internacionalmente merced al Parador de turismo que alberga. Pero tienen también gran interés artístico la Colegiata de Santa María, el crucero de A Trinidade y las casas del Deán, Ceta y Salgado.
Gondomar
Es el ayuntamiento más interior del Val Miñor. En su paisaje campestre resalta el monte Galiñeiro, el pico más alto de la comarca, desde el que no sólo se divisa la ría de Vigo, sino también parte de su área metropolitana y del entorno de Porriño y Mos.
En sus laderas pacen caballos salvajes. Para marcarlos se celebra un popular curro en Morgadáns. Pocos lugares como Gondomar presentan tal abundancia de residencias señoriales. Entre ellas se distinguen los pazos de Gondomar, Villarés y Pampillón.
Entre los restos artísticos de mayor importancia pueden citarse la iglesia románica de Santa Baia de Donas, el puente medieval y el crucero de Mañufe.
Gondomar se halla rodeada de ricos parajes naturales que permiten la práctica de toda una serie de actividades al aire libre. Senderismo o recorridos en bicicleta de montaña, son algunas de las opciones que les proponemos. Por otro lado, los miradores de Portavedra, Feira da Doce y Prado, situados en los puntos más altos del municipio, permiten obtener unas vistas privilegiadas. Ríos de la región, como el Zamán y el Miñor, se convierten de esta manera en cita ineludible para los amantes de la pesca, ya que en ellos se pueden pescar deliciosos ejemplares de truchas, angulas y reos. Los más aventureros también pueden practicar deportes como la caza y el alpinismo.
Mondariz
Mámoas, petroglifos y castros pincelan el relieve de este ayuntamiento acogido en el seno del valle del Tea. Protegido por la Sierra do Suído, Mondariz destila tranquilidad y recogimiento en el verde de su alfombra.
El puente romano de Cernadela y la Iglesia de Mondariz compiten para llamar la atención del visitante con las magníficas piedras que sostienen el Castillo de Sobroso, una de las fortalezas más importantes de la oferta histórico-monumental de Galicia. Testigo de la vida de Mondariz desde el siglo X, su momento de mayor esplendor lo alcanzó en el siglo XII, al convertirse en centro de las luchas que sostuvieron los partidarios de Alfonso VII contra los de Doña Urraca.
Mondariz se puede apreciar fácilmente desde el llamado "Cotedeira", que, a 883 metros sobre el nivel del mar, nos descubre un impresionante territorio donde el protagonista indiscutible es el río Tea.
El entorno natural de Mondariz es idóneo para la práctica de actividades al aire libre. El senderismo es quizá la actividad reina con varias rutas trazadas en las que uno puede perderse en espesos bosques y carballeiras o, si lo prefiere, acercarse a enclaves importantes por sus restos arqueológicos, como los situados en la parroquia de Mouriscados, Frades, Gargamala y Toutón. No menos importantes son los castros situados en Riofrío, Monte do Castro y Mondariz.
Mondariz-Balneario
En el fluir de las aguas de las fuentes medicinales de Troncoso y de la Gándara encontró el municipio su fama internacional y el esplendor de una época que llevó a estos parajes a los personajes más representativos de la España de principios de siglo.
La historia de Mondariz Balneario está ligada al agua y a su figura de Enrique Peinador Vela, que hizo del barrio de Troncoso, perteneciente a la parroquia de Mondariz hasta 1924, el conocido balneario, gracias al cual se debe la aparición del actual municipio, el más reducido en extensión (2,4 Km.) de todo el territorio nacional y que figura como municipio independiente desde el 30 de noviembre de 1924. Los descubrimientos de los manantiales de Troncoso en 1862 por el sacerdote Domingo Blanco Lage y el de Gándara en el 1872 por Enrique Peinador Vela, fueron sin duda una pieza clave en su historia.
Con todo, las renovadas instalaciones termales no eclipsan la belleza que aún conserva el entorno, que mantiene el espíritu señorial de hace cien años. El río Tea abre un paseo en sus orillas para disfrutar de la naturaleza en su estado más puro.
Las ruinas del Monasterio de Casteláns, la capilla medieval que se conserva en el barrio de San Pedro o la capilla del Bosque, en el parque del balneario, tampoco pasan desapercibidas.
As Neves
El Mirador del Monte Nomedio permite al caminante abarcar, hasta donde sus ojos le lleven, la extensión de un municipio que ha crecido alimentado por los valles fluviales articulados bajo la custodia del río Miño.
Buenas claves para echar un vistazo al pasado de As Neves se encuentran agazapadas entre las piedras del Castro de Altamira, en pazos como el de Monterreal o en los muros de la Iglesia de San José de Ribarteme, donde se celebra una de las romerías más antiguas de Galicia: Santa Marta de Ribarteme.
Conviene visitar además el Puente Romano de La Senra, sobre los Agarres, de amplia calzada y en bueno estado de conservación. A través de cascadas y aguas cristalinas, transcurre su leyenda, que narra los beneficios de las aguas que rodean este puente para la maternidad.
Recorriendo el tramo del Camino de Santiago que atraviesa As Neves, es posible contemplar el "Pousadoiro", lugar en el que los vecinos ofrecían requesón y miel a los peregrinos que por allí pasaban. Otras muchas rutas serpentean por As Neves para dar a conocer los puntos mas importantes del municipio. Destacan las que recorren el valle del Miño, el valle del Xuliana o el de Termes.
Nigrán
Costa y bosques forman el paisaje natural del municipio de Nigrán, que ha visto cambiar su fisonomía a pasos agigantados y que se adorna con pinos, eucaliptos, limoneros, mimosas y tojos donde antes había alisos, sauces, abedules, robles y castaños.
En una zona en la que la población se halla diseminada, el minifundismo y la agricultura de subsistencia basada en el maíz, la patata, las legumbres y el vino, marcan la economía de sus habitantes.
La ausencia de una buena infraestructura ha restado posibilidades a la riqueza pesquera, mientras la ganadería, orientada al propio consumo familiar, se queda en algunas cabezas de vacuno y lanar. Hostelería, alimentación, turismo y el sector de la construcción, son las otras fuentes importantes de ingresos del ayuntamiento.
Ponteareas
El casco urbano de la villa permite un recorrido entre plazas y callejuelas con mucho encanto, escenario de las alfombras florales del Corpus, declaradas de Interés Turístico Nacional.
La Citania de Troña observa el devenir de los días de un municipio que tiene ofertas para satisfacer al más exigente de los visitantes. La Cultura Castreña comparte protagonismo con las vistas que ofrece el Monte Picaraña que acoge, además, dos guiños de la naturaleza: la Piedra del Equilibrio y la Piedra de los Enamorados. Una ermita y un vía crucis en la cumbre coronan tan singular montaña.
El Tea es el río que alimenta este suelo y que sirve de lienzo para el puente medieval que lo atraviesa. La playa fluvial de A Freixa es otro de los lugares nacidos al amparo del caudal de este río. Entre sus monumentos es indispensable conocer las iglesias románicas de San Pedro de Angoares, San Estevo de Cumiar, San Salvador de Padróns o el convento franciscano de Canedo.
Salvaterra do Miño
Los arcos del puente medieval de Fillaboa, sobre el río Tea, son la carta de presentación de esta tierra que encuentra en las uvas de sus verdes viñedos el fruto de uno de sus tesoros más preciados: el vino del Condado.
En la orografía de este valle, que ofrece una espléndida vista desde el Mirador de Monte Castelo, se adivina la influencia del vecino Portugal en la silueta de las casas de Monçao.
El municipio de Salvaterra de Miño rezuma historia a cada paso. De obligada visita son el castillo o las muralas del siglo XVII que nos permitirán recontruir la vida de los caballeros y damas de la época. La iglesia de San Lorenzo, con su hermosa fachada renacentista, la capilla de la Oliveira o las cuevas de Doña Urraca, son construcciones que despiertan también la curiosidad del viajero.
Este conjunto histórico conforma la antigua Fortaleza de Salvaterra, declarada de Interés Cultural desde el año 1949, y considerada como una de las más importantes e imponentes fortificaciones del sur de Galicia.
Vigo
Vigo es la metrópoli más grande de Galicia. Nacida de un pequeño pueblo portuario que fue amueblando sus montes, hoy es una ciudad con múltiples caras que no perdió de vista a su mar (todas esas cumbres -A Madroa, A Guía o el monte Alba- tienen ventana abierta a la ría).
Además de mantener la primitiva actividad pesquera es, también, estación de embarque industrial. Sigue resultando confortable callejear el Vigo viejo, entrar en ese túnel del tiempo que atraviesa los antiguos soportales del barrio del Berbés, visitar la Colegiata o beber el mar en las ostras que sirven en A Pedra.
En la ciudad más actual quedan edificios de su bautizo moderno, superficies comerciales y amplios parques para la quietud, como O Castro y Castrelos.
Sus más de 40 playas son espléndidas y tienen una buena oferta de servicios: las más urbanas son O Vao y Samil, pero también Canido o los arenales de las islas Cíes, pertenecientes al Parque Nacional Illas Atlánticas, invitan a la visita.
En el entorno del monte de O Castro hay varios miradores. En uno de ellos está el monumento a los galeones de Rande, desde donde se divisa parte de la villa, el puerto, la ría de Vigo y la costa del Morrazo. Desde el mirador del monumento al trovador Martín Códax - quién mejor cantó al mar de Vigo- se puede contemplar la zona oeste de la ciudad, la entrada de la ría, las islas Cíes y Toralla. Desde las murallas de la fortaleza de O Castro se aprecian también hermosas vistas de la ría, la ciudad y el puerto.
Arte, arqueología e historia de la ciudad de Vigo es lo que reúne en sus salas el Museo Quiñones de León, situado en el Pazo de Castrelos. En él conviven los más antiguos restos, fechados entre el año 150000 AC y la actualidad, con la mejor colección de Arte Gallego Contemporáneo que existe hoy en día.
Enclavado en la zona monumental, en el origen de la ciudad, podremos disfrutar del comercio tradicional de Vigo, con sus cesteras, pequeñas embarcaciones a escala, bordados, y sobre todo, los puestos de marisco y las conocidas ostreras, quienes le enseñarán a degustar este delicioso producto procedente de las Rías Baixas.













